Mi abuelo Melecio, un hombre de integridad humana

Hay hombres que en su paso por la vida, dejan una huella indeleble en su pueblo y merecen, por tanto, un sitio en su historia. Tal es el caso de Melecio Antonio Santos González, figura candelariense del pasado siglo, cuya obra y legado no deben quedar en el olvido.

Melecio Antonio Santos nació en La Habana el 5 de septiembre de 1906. Hijo del comerciante y sastre don Manuel Santos, natural de Lugo, España, y de la habanera, y vecina de Guanabacoa, doña Carmen González.

No tuvo este hombre una formación cultural académica sino que prefirió asumir el oficio del padre, aprendiendo en el rigor de la educación del hogar.

Busto a las Madres

El 14 de marzo de 1937 Melecio Santos contrajo matrimonio con la señorita Josefina Alicia Moreno Paula en la iglesia parroquial de Candelaria, unión de la que nace en 1940 su única hija, bautizada como Teresita Jesús Carmen Ana, nombre que remite sin dudas, a su profunda vocación cristiana.

Inspirador de una proverbial simpatía, y de ejemplar comportamiento ciudadano, según la opinión de un grupo de coetáneos entrevistados, este sastre candelariense llegó a ser Alcalde por el Partido Revolucionario Auténtico en dos mandatos; el primero, durante el gobierno de Ramón Grau San Martín y después, con Carlos Prío Socarrás de presidente. En ambas oportunidades derrotando en las urnas a oponentes con mayores recursos propagandísticos y aparentes posibilidades.

Se cuenta que siendo alcalde Melecio atendía por igual a contrincantes y partidarios, buscando siempre alguna solución a sus problemas y procurando muchas veces empleo a los necesitados en las obras sociales que emprendió. Leal a su pueblo y ejemplo de honestidad y modestia en el ejercicio de sus funciones, se sabe que vivió todo el tiempo en una casa alquilada en la avenida 31, número 3812, en una época donde la mayoría de los burgueses mejoraron o construyeron sus casas.

Como hombre de fe, bautizó a muchas personas y llegó a estar al frente de los Caballeros Católicos y de la Acción Católica en Candelaria, impulsando también desde allí, y en su relación con la Iglesia masónica, los comerciantes y otros contribuyentes, varias obras sociales que se ejecutan en la etapa.

Según documentos del Museo Municipal, a partir de las acciones promovidas desde su toma de posesión en 1946 el número de escuelas en Candelaria creció, existiendo, en 1948, un centro escolar y diez escuelas urbanas de primera enseñanza.

Revela esta misma fuente que dentro de las más significativas acciones promovidas por Melecio Santos como Alcalde estuvieron la instauración del 2 de febrero como Día del Candelariense Ausente, aprovechando el marco de la Fiesta Patronal, así como la creación del escudo de Candelaria.

Se plantea también que durante su alcaldía, surgió la idea de adquirir una ambulancia, propósito logrado con el aporte de los contribuyentes, dentro de los cuales se destacó Tomás Felipe Camacho, dueño del orquideario de Soroa, y los ingresos provenientes de una verbena popular.

Las entrevistas realizadas corroboran dichos méritos, adicionando evidencias de su gestión, en la que a pesar de los exiguos recursos con que contaba la Alcaldía, se las ingenió para la reconstrucción y remodelación del parque, el mejoramiento, reparación o construcción de alcantarillas y de vías, como la carretera a Godínez, a Soroa y el camino a Barrancones.

Se adicionan a la lista, entre otras obras públicas, la creación de la Casa de Socorro, la colocación del busto a las madres, que aún existe en el parque, y la construcción del nicho y el brocal del Pocito de la Virgen, con el aporte de los Caballeros Católicos, inaugurados el 2 de febrero de 1952, a muy pocos días del  fatídico golpe de Estado que Melecio se negó a reconocer, lo que significó el cese de su función pública, pero al mismo tiempo, la reafirmación de sus valores como ser humano y político cabal.

Década del 50: Casa Social de la Acción Católica, el presidente de dicha organización, y alcalde de Candelaria, Melecio Santos, devela un cuadro que rinde homenaje al P. Mario Cuende, presente en ese momento.

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