Los dos Papas, la película

En Los dos papas, toda la creación cinematográfica: guion, dirección, actuaciones, locaciones, fotografía, música… atrapan al espectador, tocan la fe y el sentido de la vida, contagian esperanza.

Hay que decir de entrada que estamos ante una película, ante una creación fílmica, no ante un documento histórico. Los dos papas (The Two Popes, 2019) es una película que combina situaciones reales con ficción. Teniendo como protagonistas a dos personajes históricos muy conocidos y actuales, el papa Benedicto XVI y el papa Francisco, dos potentes actores se encargan de representarlos para un guion cinematográfico, no para contar todo sobre su vida. El Ratzinger de Anthony Hopkins es una creación, y el Bergolio de Jonathan Pryce es también una creación, aunque en algo se parezcan a las personas reales, y la película recuerde algunos incidentes verdaderos, unos puntos de la historia (no todos los posibles) que irán dando la secuencia del guion: del cónclave de 2005 con la elección de Benedicto XVI, a su renuncia en febrero 2013 y la elección de Francisco.

Dentro de una historia conocida, la película Los dos papas inventa una posible conversación entre el papa Benedicto y el cardenal Bergolio; una conversación muy personal e íntima, muy honda y creyente, que desembocará en una confesión de ambos.  En la primera parte del film, el guion quiere presentar en ellos dos visiones de la Iglesia: el énfasis en la tradición, el orden y las verdades cristianas, por una parte, y la propuesta del cambio, la apertura, la reforma, por la otra. Los acentos en una o en otra se dan por la actuación enfática de Ratzinger o de Bergolio, casi como si fueran opuestos o rivales. Pero llega la noche, el descanso, el encuentro: “Esta noche seamos hermanos”, invita el papa Benedicto, mientras toca al piano una composición del checo Smetana. El papa será el primero que abra su corazón esa noche y la mañana siguiente, a un asombrado Bergolio. Lo que sigue es esa andadura hacia la hermandad, donde Dios mismo es el camino.

En la película, el papa le comparte al cardenal argentino su decisión de renunciar al papado, por el bien de la Iglesia, porque “la Iglesia necesita un cambio”, en medio de escándalos financieros, de abuso sexual y de poder, de presiones en la curia vaticana, de filtración de documentos reservados, de descrédito y deserción en la Iglesia.  De hecho, en su histórica renuncia, el 11 de febrero de 2013, el papa Benedicto expresó: “En el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”.

En el film,  el papa Benedicto le dice al cardenal Bergolio que la Iglesia necesita de alguien como él en el servicio papal. A partir de ahí comienza la primera confesión, la de Bergolio, con un gran peso de culpa por “no haber hecho lo suficiente” como Superior de los jesuitas argentinos, durante la dictadura, en los años 1976-1983, en particular ante la misión de los padres Jalics y Yorio. La absolución sacramental que recibe del mismo papa tiene una honda verdad: “Usted no es Dios, sólo un ser humano. Crea en la misericordia que predica”. La película cierra esta parte con una fiesta de reconciliación, comiendo pizzas y bebiendo Fanta, la bebida preferida de Benedicto.

Y viene la segunda reconciliación, la del papa Benedicto: “porque todos somos pecadores, oiga mi confesión”. “Siempre he querido escuchar la voz de Dios, pero ya no la escucho”, quizás encerrado en libros y solo, dice Benedicto. Pero ahora, al encontrarse con Bergolio, ha vuelto  oír la voz de Dios, le ha dado señales, que le dicen: “Vete, mi siervo fiel”, a servir a la Iglesia en silencio orante. Y el papa recibe el gozo de la absolución y de su nueva misión, que luego se convierte en la felicidad de estar entre los peregrinos en la capilla Sixtina. Aunque con personalidades distintas, ambos viven la misma comunión creyente y de amor.

En Los dos papas, toda la creación cinematográfica: guion, dirección, actuaciones,  locaciones,  fotografía,  música… atrapan al espectador, tocan la fe y el sentido de la vida, contagian esperanza. Los creadores principales son el director brasileño Fernando Meirelles y el escritor neozelandés Anthony McCarten, reconocido por Bohemian rhapsody (2018),  Las horas más oscuras (Darkest Hour, 2017) y La teoría del todo (2014).

Los dos papas es la historia de dos seres humanos que buscan a Dios, que aman la Iglesia y la humanidad, que quieren asumir —con dolor y temblor— una misión, que se reconocen pecadores y necesitados de redención. Dos hombres que han de reencontrarse con su propia humanidad y con Dios, con su silencio y su palabra, con su gracia y su perdón. Los dos papas es un diálogo, una conversación, un encuentro entre dos hombres distintos que salen de sí mismos y se abren a algo mayor. Eso que tanto necesitamos hoy en la sociedad y en la Iglesia. Encontrarse así merece bailar un tango.

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