La lucha contra la Covid19 y la fe joven al pie del cañón

Un artículo dedicado a la labor de Alejandro Luis Pérez Ceballo, enfermero católico del hospital militar de Matanzas

por: Rafael Cruz Dévora

Semanas atrás, cuando ya el coronavirus se había convertido en el centro de atención del mundo entero, escuchaba a diario noticias sobre el importante papel del personal sanitario en la batalla campal que se lleva a cabo contra esta pandemia. Testimonios innumerables de servidores que, poniendo en primer lugar el cuidado de las personas contagiadas o sospechosas, decían sí nuevamente a la vocación hermosa que implica tal sacrificio. Cuando menos lo esperaba recibí un mensaje vía WhatsApp y al leerlo me conmovió profundamente su contenido. Se trataba de un hermano en la fe, un enfermero joven, laico de la parroquia de Colón, llamado *Alejandro Luis Pérez Ceballo* , a quien enviaban como fiel soldado a luchar cara a cara contra la Covid19, durante catorce días en el hospital militar Doctor Mario Muñoz de la provincia de Matanzas.

Rápidamente, en un grupo que conforman varios jóvenes católicos le hice llegar este mensaje:

Alejandro, gracias por amar a Dios y a tu profesión. Sabemos que darás lo mejor de ti. Ve confiado que desde nuestras casas rezaremos por tu salud y por el trabajo que realizas cada día. Rezaremos también por los que comparten tus mismos riesgos al intentar librar a la Tierra de esta pandemia. Y permanece en paz, porque no estás solo, el Señor te envía y te acompañará y la Virgen Madre te cuida y te protegerá siempre.

Y así fue, catorce días después Alejandro nos hacía llegar sus impresiones sobre cómo transcurre la vida en medio de la trinchera de las camillas, a través de otro mensaje por WhatsApp:

“Una realidad triste porque las personas ingresan sin posibilidad de acompañante. Los trabajadores de la salud en el hospital éramos la única familia que ellos tenían, nos tocaba bañar y alimentar a los de edades más avanzadas y dar apoyo psicológico a casi todos. Difícil fue el trabajo con los niños porque no podían bajarse de las camas pero, infantes al fin, querían correr y jugar en la sala. Los momentos más emocionantes eran cuando llegaban los resultados negativos de las pruebas de tipo PCR (Reacción en Cadena de la Polimeraza) y las personas felices nos daban las gracias por el amor y las buenas atenciones”.

La experiencia de fe de este joven católico le resultó fundamental en la convivencia dentro del hospital. Comentaba que vivir la Semana Santa allí fue muy difícil para él. Quienes lo conocen afirman que hubiera preferido estar guitarra mano detrás de los guanos bendecidos en la misa de Domingo de Ramos, lavándose los pies el Jueves Santo en la tarde, besando la Cruz el Viernes y por supuesto, cantando: “verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya”. Sin embargo, la bata blanca fue el mejor guano bendito que jamás pudo portar y al bañar a aquellos ancianos era él quien lavaba los pies, “tomando la condición de siervo” (Flp 2, 7), cuando atendía solícitamente a los enfermos, besaba una y otra vez la cruz de Cristo y cada vez que un PCR determinaba que un paciente estaba libre de la Covid19, su corazón pascual cantaba de gozo: “verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya”.

Jesús siempre estuvo a mi lado, dice Alejandro, a la vez que nos cuenta algunos testimonios que corroboran sus palabras. Así se sintió cuando pudo celebrar de manera atípica la Vigilia Pascual. Resulta que por medio de WhatsApp algunos hermanos jóvenes se unieron para meditar las lecturas de la noche de Resurrección, rezaron juntos el Padre Nuestro e hicieron comunión espiritual. En otra ocasión encontró a un Testigo de Jehová entre los ingresados. Ya sabemos que el Señor rompe las barreras que los hombres mismos hemos creado, y ante situaciones como esta, todos debemos estar más unidos aún, según el querer de Cristo (Cfr. Jn.17, 21). El testigo y el católico unieron sus oraciones al Dios de la vida y la salvación para pedir por todos los enfermos de coronavirus en el mundo. Con gran cuidado y cariño Alejandro nos cuenta que pocas horas después llegó el resultado del examen y el hombre había dado negativo a la Covid19. Cuando se acercó para agradecer por los cuidados y las buenas atenciones, Alejandro le respondió: “en todo amar y servir”.

Son testimonios como estos los que alegran los corazones de quienes desde nuestras casas confiamos en que esta terrible pandemia pasará. Llegue por medio de este artículo el afecto y el respeto de un joven cristiano para con todos los que diariamente luchan por vencer al enemigo invisible que se hace llamar coronavirus. En verdad, los aplausos de las nueve de la noche, no retribuyen lo grandioso de la obra de quienes como Alejandro, siguen luchando y más aún si lo hacen con la fe, al pie del cañón.

Que Dios los bendiga.

20 de abril de 2020

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