Huellas que marcaron nuestra historia

Una de las etapas de la historia de nuestra Iglesia y nuestra Patria que se recuerdan con alegría y emoción, independientemente del aspecto político de la época, fue el período correspondiente a 1928 hasta 1960. Los jóvenes de esas generaciones tienen una marca en sus vidas que nada ni nadie la ha podido borrar aunque todos peinen abundantes canas. Es un verdadero regalo de Dios poder compartir con alguno de ellos sus experiencias de aquella época, los recuerdos de lo que hacían y la fuerza con que vivían su apostolado. Esto se debe a que pudieron contar con la dicha de pertenecer a una de las organizaciones más importantes de la Iglesia que los llevaba a hacer vida el Evangelio en los diferentes ambientes donde se desenvolvían. Eran los jóvenes de la Federación de la Juventud Católica Cubana (FJCC).

¿Cómo surgió esta Federación en Cuba? ¿Quién la ayudó a nacer y crecer? ¿Quiénes la integraban y a qué se dedicaban? Estas son algunas preguntas que deseo responder gracias al testimonio de muchos de sus protagonistas. A ellos y a todos los jóvenes que integraron sus filas, llegue nuestra admiración y gratitud, por dejar huellas en nuestra historia que nos animan a las generaciones futuras a continuar haciendo presente a Cristo a través del servicio activo.

 “Todo comenzó con la inquietud apostólica del Hno. Victorino, lasallista, y un grupo de colaboradores que descubrieron la necesidad de atraer a los jóvenes a Cristo. Él trató de unirlos en asociaciones de antiguos alumnos, pero al poco tiempo de estar formadas, la captación de nuevos jóvenes terminaba en un fracaso. Cambió opiniones con otros religiosos de distintas comunidades, tanto masculinas, como femeninas, siendo los resultados de una y otra idénticos. Mientras esto sucedía en los colegios católicos, sus egresados enfrentaban las condiciones en la Universidad, única opción para continuar estudios, donde los grupos de jóvenes se unían bajo las ideas de la época.  Los jóvenes católicos procedentes de varias escuelas, no se identificaban entre sí, lo que los hacía más vulnerables ante el ataque de los que predicaban otras ideas, más materialistas que espirituales.  Varios alumnos graduados de diferentes colegios católicos, víctimas de la situación que sufrían, le pidieron ayuda a los pocos profesores católicos con que contaba el nivel universitario, y estos a su vez solicitaron la ayuda de este religioso francés, conocido por sus preocupaciones por el futuro de la juventud.”

“El Hno. Victorino, recibió el apoyo en sus inicios del Sr. Jorge Hyatt, Caballero de Colón, y Valentín Arena, Caballero Católico, luego con la aprobación del Arzobispo Mons. Manuel Arteaga lograron que  el 11 de Febrero de 1928, Fiesta de la Virgen de Lourdes, quedara fundada la Federación de las Juventudes de Acción Católica Cubana, acorde con las normas de la Iglesia Universal. Primero fueron antiguos y actuales alumnos de las Escuelas Católicas, pero su celo apostólico no paraba ahí.”

 “Cuando las negociaciones, los desalientos, la fatiga, la incomprensión y la mediocridad se hicieron presentes, el Hno. Victorino los enfrentó, enseñando a perseverar, a afirmar e intensificar la acción. Y no sólo fundó, sino que sostuvo, vigiló y amó los gozos y amarguras de “su” Federación. Para él, el laico tenía una misión, y lo dejaba actuar, exigiéndole responsabilidad, pero delegándole autoridad…. Él había dicho Sí a su compromiso de vida.”

La Federación pronto tuvo hermanos, pues posteriormente se crearon “El Hogar Universitario” y el “Movimiento Familiar Cristiano”.

“En 1941 se aprobaron los estatutos de la Acción Católica quedando constituidas las Cuatro Ramas: A- Caballeros, B- Damas, C- Juventud Masculina, D- Juventud Femenina. Alrededor de la década de los años 50 fueron creándose los movimientos especializados para llegar a todos los rincones de Cuba, desde las ciudades hasta los bateyes: Juventud Universitaria Católica (JUC), Juventud Estudiantil Católica (JEC) en la enseñanza media, la Juventud Obrera Católica (JOC), y más tarde la Juventud de Acción Católica (JAC). Los grupos de la JEC tenían su base en los colegios, los de institutos u otras escuelas en una iglesia cercana. Los grupos en las parroquias e iglesias se llamaban de la JAC.”

“Los jóvenes católicos tenían en estos movimientos una organización que les permitía recibir mayor formación y acompañamiento espiritual, así como, hacer un apostolado interno siendo el principal la atención al entorno social.”

“Comprometidos con las catequesis en parroquias y barrios, la atención a los más necesitados en zonas alejadas de la ciudad, en la promoción de actividades culturales, así como en otras obras asistenciales y pastorales, favoreciendo además el intercambio de experiencias con jóvenes de otras comunidades parroquiales;  transcurría la vida de estos movimientos que sabían vincular la oración con la acción, mientras los lazos de amistad se fortalecían pues compartían el amor a Cristo y los sueños de la civilización del amor”.

A la memoria llega el recuerdo de “nuestro último Congreso, celebrado en 1959 en la Plaza José Martí,  con un desfile de antorchas y banderas presidido por la imagen de la Virgen de la Caridad, y la luz que encendió las antorchas, fue traída desde Oriente en un maratón de pueblo en pueblo. Nos comprometíamos y obedecíamos a los Obispos y a la Doctrina Social de la Iglesia…

Con  los grupos nos reuníamos todas las semanas siguiendo las directrices de formación: PIEDAD, ESTUDIO Y ACCIÓN. La JOC internacional  creó un método nuevo en aquellos tiempos: Ver, Juzgar y Actuar. El Hno. Victorino lo orientó a la JEC y con los años se extendió a toda la Iglesia.

El lema era: “SIEMPRE MÁS, SIEMPRE MEJOR.”

“El lema lo decía todo: Piedad, Estudio, Acción.

El himno comenzaba así… Juventud porvenir de la patria, juventud porvenir de la de la fe. Basten estas ideas para expresar el gran objetivo de los ‘federados’ de aquellos tiempos. Nótese el orden.”

Uno de los testimonios más cercanos es el de Sergio y Beatriz, dos miembros de la Acción Católica, que luego de un matrimonio de 65 años, disfrutando del regalo de cuatro hijos, nietos y biznietos, nos hacen saber cuán importante fue esta experiencia en sus vidas.

Él como notario y ella como secretaria fueron seleccionados en el proceso actual que lleva la Santa Sede, desde 1999, para la causa de beatificación y de canonización del Venerable Hno. Victorino presentada por el Cardenal Luis Aponte Martínez y continuada por el Arzobispo Roberto González Nieves.

Sergio nos narra lo descubierto por ellos mientras revisaban los documentos necesarios para dicho proceso:

“En esos momentos mientras escuchábamos o leíamos los testimonios de los «jóvenes matrimonios» que habían nacido en aquella época, se revelaba el cariño que mostraban todos los deponentes, y cómo se destacaba el amor hacia el Hermano por los hijos nacidos en estas uniones.

La letra de todas esas cartas íntimas, que nadie podía pensar fueran leídas por otros, nos llevó a conocer el alma del hermano Victorino, que aun con los muchos años de relaciones no conocíamos, cambiando de un jovencito francés, de gestos suaves, hablar quedo, presencia tímida, por el Santo que dedicó su vida a la creación de un grupo de jóvenes que fuesen su familia.  Nuestro descubrimiento nos llevó a pensar sobre la diferencia del SÍ dado por nosotros 65 años antes y el dado por él al comprometerse con la vida religiosa. Pensamos en nuestros hijos, comparamos con tantos matrimonios felices dentro de los Federados, y habiendo dedicado 65 años a los cuatro hijos, pensamos en las más de 150 vocaciones a sacerdotes, religiosas y otros consagrados, inspiradas y promovidas por el Hermano como a sus propios hijos, de hecho, éramos sus hijos espirituales.”

“El carisma de la F.A.C.C. sigue presente en nuestros corazones gracias al Hno. Victorino.” 

El pasado 9 de febrero de 2020, en las afueras de la Ermita de la Caridad en Miami se bendijo e inauguró un monumento  al Hermano Victorino y se celebró la Eucaristía de acción de gracias. Miembros e hijos de la Federación de la Acción Católica Cubana estuvieron presentes dando continuidad a este legado.

“La Acción Católica orientada y querida por los Papas desde León XIII pasando por Pío XI y confirmada por Pío XII continua hasta nuestros días en algunos países como Argentina y México.”

Hoy le doy gracias a Dios por el testimonio de todos los que nos han precedido en el camino de la evangelización de nuestra patria. Estén donde estén llevan en sus venas el amor a la Iglesia y a la tierra que los vio nacer y han sabido defender ese amor durante décadas.

La Acción Católica marcó sus vidas y los ayudó a definir el tipo de personas que son hoy, convirtiéndose en ejemplos para los jóvenes de estos tiempos.

La acción de la Iglesia en el mundo juvenil continúa, porque la presencia de Dios va más allá de las limitaciones que los humanos le quieran imponer. Para mí la Pastoral Juvenil y los asesores que me acompañaron, educó mi ser como persona católica. A ellos también llegue nuestro agradecimiento. Es importante marchar con los tiempos, “sin dejarnos arrastrar por el ambiente”, sino transformándolo en un mundo mejor.

Agradezco las colaboraciones de:

José Enrique Collazo

Sergio San Pedro

Gustavo Cuervo Sabat

Leonor Alonso Junco

Xiomara Rodríguez Torres

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